En el siglo XIX, miles de familias holandesas dejaron sus hogares en los Países Bajos para comenzar una nueva vida en los Estados Unidos. Vinieron a buscar libertad, buena tierra y un lugar seguro donde vivir y practicar su religión. El viaje a través del océano fue largo y duro, pero trajeron su fe, habilidades y tradiciones.

Cuando llegaron a Michigan, construyeron casas, iglesias y escuelas. Ayudaron a formar nuevas ciudades como Holland y Zeeland. Su esfuerzo y cuidado mutuo pasaron a formar parte de la historia de Michigan. Cuando pensamos en nosotros, el pueblo, recordamos a estas familias que ayudaron a hacer de Michigan un hogar para muchos otros.

Manteniendo las tradiciones, convirtiendo en estadounidenses

Los colonos holandeses trajeron sus propias tradiciones, fe, idioma, vestimenta y comida al oeste de Michigan. Las iglesias y escuelas cristianas eran centrales en sus comunidades. A medida que se adaptaban a la vida en América, empezaron a aprender inglés y nuevas formas de cultivar y construir. Hoy en día, la herencia holandesa sigue celebrándose en el oeste de Michigan a través de festivales, la comida y las tradiciones.